Dime que sí

Me encantan las pedidas de mano porque es el inicio del proceso. Las hay que pasan casi desapercibidas para el resto porque son íntimas, sólo tú y tu compañero, o de las otras, esas que gastan ambientación, catering y muchos invitados. Más allá del cómo y del dónde lo que permanece y lo que funda es el compromiso.

Compromiso es lo que une a las personas. Compromiso es compartir y conciliar, es amoroso, bondadoso y desinteresado. —Ali Harris

A veces, quienes toman la iniciativa y se encargan de todo son los hombres. Averiguan, comparan, eligen y, finalmente, se ponen en contacto. Vosotras diréis, «Oye, sí, todo muy guay pero los hombres son los encargados de pedir la mano, que dices obviedades». Y a esto les digo:

— Primero, qué dónde está escrito que sólo ellos deben pedir la mano.

— Segundo, que ellos lo hagan no quiere decir que sean los que se encargan de la mise-en-scène.

Pero cuando lo hacen

«Lo que tienen de bueno los hombres —nos dice Viviana Lameiro, dueña de la empresa The Flowers Company— es que saben exactamente lo que quieren y eso facilita mucho las cosas». Pero, además, cuando son ellos los que se ocupan del proceso «te das cuenta que son románticos, atrás de toda esa eficiencia, son románticos. Y sacan lo mejor de nosotras», agrega.

El sueño de toda mujer, ¿no? Que nuestra pareja sea romántica. Sin embargo, hay que decir que el diccionario no ayuda con la definición porque del romántico dice que es sentimental, generoso y soñador. Vale, con lo de generoso todo bien. Pero sentimental y soñador en una sola frase, puede ponerle los pelos de punta al más pintado. Esos conceptos, aplicados a un hombre, no molan. Pero puestos a decir las cosas como son, se trata, nada más y nada menos, que de hombres que no tienen miedo de demostrar lo que sienten, que pueden poner las cosas en palabras y cuando las palabras no alcanzan, buscan quien ambiente la cosa para que queden así:

Y, obviamente, dijo que sí.

No hay reglas para estas cosas. O sí, las hay. De hecho las he encontrado dando vueltas por ahí. Pero son tan rígidas que me dieron calambres. Que si es en la intimidad del hogar, que si a los padres, que no te vistas sexy, que si el novio dice un discurso, que se sepa de antemano para que nadie se sorprenda. Pues, ¿a que te quieres sorprender? ¿A que quieres la emoción de tu vida? ¿A que te gusta que tu media naranja te diga que te pongas más bonita porque van a una fiesta? ¡Hombre, claro, que necesita cómplices para semejante movida! Pero darte la sorpresa no tiene precio. Y él lo sabe.

Como dice Shakespeare, «sueña, vive, ríe, ama». El resto es confeti.

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