Dame tu mano

No me digas que nunca, nunca te imaginaste ese momento mágico. Sí, ese en el que te piden que pases el resto de tu vida con él o ella.

¡Qué si hasta haz jugado con tu prima o tu hermana a que te casabas! Vestida de largo, con velo y todo. O tal vez fuiste de esas que dijeron «yo jamás» pero te sabes de memoria todas las escenas de las películas con pedidas de mano divertidas. Sí, todos (todos, porque ellos también) somos románticos en el fondo, algunos más a la vista que otros, claro, y aunque no estemos esperando especialmente ese momento, aunque no se nos haya cruzado por la cabeza pasar por una iglesia y dar el sí, no deja de emocionarnos ese instante en el que de rodillas o no te preguntan «¿quieres casarte conmigo?»

El cine nos ha provisto de cantidad de ejemplos simpáticos, románticos y originales. Y la vida de todos los días, también.

«Así que no va a ser fácil. Va a ser muy difícil. Vamos a tener que trabajar en esto todos los días, pero quiero hacerlo porque te quiero. Quiero todo de ti, para siempre, todos los días. Tú y yo … todos los días.» –Nicholas Sparks, The Notebook

 

¿Qué es lo que una chica de verdad quiere? Que su pareja sepa quién es, que la acepte así, que la ame tal cual es. Lo mismo encaja para un chico, a no confundirse.

  • Así que tal vez tu novio no sea Big, ni tú Carry, ni te gusten los zapatos de Manolo Blahnik, pero en vez de anillos te dé un mapa de París y la promesa de una vida genial a construir juntos.

 

  • Te conoce tanto que deslizó en uno de tus libros preferidos una copia en papel bonito del Soneto XII de Neruda. Levantaste los ojos mientras el papel se deslizaba de tus manos y le dijiste que sí antes de que terminara de caer al suelo.

 

  • Lo veías venir, tanto secreto y miradas de soslayo, risitas tontas de tu madre y tus amigas. Sabías que algo se estaba cocinando. Pero aún así, cuando se fueron de vacaciones a New York, no te imaginaste que el Puente de Brooklyn iba a ser el escenario de «la pregunta». Tráfico, luces, sonrisas y un sí grande como el mundo.

 

  • «Te quiero cuando tienes frío estando a 21°, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo, adoro la arruga que se te forma aquí cuando me miras como si estuviera loco…» Así le declaró su amor Harry Burns a Sally Allbright, en la película de culto Cuando Harry conoció a Sally. No es lo que esperabas de tu novio, claro. A él no se le dan del todo bien las palabras. Pero sabías que ibas a salir de aquel paseo por el Madrid histórico con una sortija en el dedo del corazón. Lo que no sospechabas era que en el Templo de Debod te esperaba toda la familia bailando para ti.

 

  • Y aunque hay que tener un corazón valiente, en ningún lugar está escrito que sólo el hombre se le declara a una mujer. Anímate a seguir el ejemplo de Anna que va a pedirle matrimonio a su novio en Irlanda. Oye, que no es preciso que te vayas a Irlanda ni te asustes por lo que fue pasando en la película Tenías que ser tú (Leap Year). Algo más normalito, sencillamente decirle lo que sientes y esperar su sí, aún cuando te mueras de los nervios.

Las palabras, el anillo, los zapatos (como a Carry), el poema, la canción llegan en el momento justo. A veces sucede como dice Camus:

«Sabes lo que es el encanto: una forma de obtener la respuesta sí sin haber hecho ninguna pregunta clara.»

 

Lo que empezó bien, termina mejor. Y lo que sigue es tan maravilloso como lo imagines, porque al amor es así se multiplica en cada gesto.

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